EL SECRETO DE LA VICTORIA - Rev. Enrique Centeno

EL SECRETO DE LA VICTORIA - Rev. Enrique Centeno
Cada cristiano debe saber que el secreto de la victoria está en la confianza que tengamos en el Señor. En 2da. de Crónicas 14:2-15 observamos que el rey Asa descubrió el secreto de obtener una gran victoria. El puso en acción varios aspectos que lo condujeron a alcanzar la misma.

Aspectos que llevaron al rey Asa a la victoria:

Hubo purificación- ver. 2 "E hizo Asa lo recto y lo bueno antes los ojos de Jehová su Dios". Es posible hacer lo bueno y no hacer lo recto. Muchos religiosos son buenos, son generosos, son bondadosos, ayudan a la gente pobre; pero no son rectos, porque estafan en los negocios. Judas "fue bueno con los pobres" cuando una mujer derramó un frasco de perfume sobre los pies del Maestro, él calculó que valdría unos trescientos denarios dijo: ¡que desperdicio!, "mejor hubiera sido que se vendiese y se le diera a los pobres". La realidad es que Judas era ladrón. Hay personas que son buenas y generosas con el dinero de otros. En el pueblo de Dios también los hay, los que son buenos con el dinero que le pertenece al Señor. No cumplen con sus deberes, con sus responsabilidades financieras en la iglesia hacen con el dinero que le pertenece a Dios, lo que a ellos mejor le parece.

De otro modo, es posible encontrar personas que sea rectas pero con actitudes no buenas. Jonás era muy recto tan recto que cuando fue a Nínive anunció que en cuarenta días, ésta sería destruida y subió a una montaña para ver la destrucción de los habitantes de aquella nación. Mientras esperaba que el juicio cayera sobre Nínive, dice la Palabra de Dios que el rey declaró tres días ayuno para todos los habitantes; hombres, mujeres, niños y aún animales. Vio Dios que este pueblo se humilló, que imploró su perdón, que acudió a su misericordia y detuvo el juicio. Jonás se enojó en gran manera porque su profecía sobre juicio no se cumplió. El Señor tuvo que hablarle a Jonás, de tener compasión de una ciudad donde había más de ciento veinte mil personas que no sabían discernir entre su mano derecha y su mano izquierda.

Otro ejemplo es el de Juan y Jacob, los hijos del trueno, los cuales eran rectos, pero no eran buenos. En el camino de Jesús hacia Jerusalén, el Señor les dijo que entraran y le preparan la estadía den Samaria, más como lo samaritanos entendieron que Jesús no se detendría allí y que continuaría camino a Jerusalén, no le quisieron recibir. Juan y Jacobo fueron donde Jesús y le dijeron "no han querido recibirte, quieres que hagamos como hizo Elías que mandó a llover fuego del cielo y los consuma", Jesús tuvo que reprenderles "Vosotros no sabéis de qué espíritu sois porque el Hijo del Hombre no ha venido a perder las almas, sino a salvarlas". Igualmente el hermano del pródigo era recto pero su actitud no fue buena. Cuando oyó sobre la fiesta que se realizaba, preguntó cual era la causa y el motivo. Entonces le dijeron que su hermano menor había regresado, que su padre le había recibido con gozo y regocijo, y que había mandado a prepararle una fiesta de recibimiento. Dice la Palabra del Señor que él no quiso entrar a la celebración. El padre le dijo:"he aquí tu hermano muerto era y ha revivido, se había perdido mas ha sido hallado". Era ocasión de gozo, de alegría, y de regocijo, más el hermano no se regocijo. La razón, era que él había vivido todo el tiempo al lado del padre sin haberle causado molestias y el padre no le había dado un cabrito para gozarse con sus amigos, mas no así con el hijo que había malgastado toda su herencia, con rameras y en una vida de perdición. El hijo mayor había sido recto mas no tenía un corazón bueno.

Porqué hizo Asa lo recto y lo bueno delante de Jehová su Dios. Dice la Palabra en el ver. 3 en adelante "Porque quitó los altares del culto extraño, y los lugares altos; quebró las imágenes, y destruyó los símbolos de Asera; y mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos. Quitó así mismo de todas las ciudades de Judá los lugares altos y las imágenes; y estuvo el reino en paz bajo su reinado"·. Estos lugares que se mencionan, eran donde se le rendía culto a Baal el dios de la fertilidad, a Asera la diosa de la fortuna, y a Moloc, el dios al cual se le ofrecían sacrificios humanos. Todos esos dioses estaban en medio del pueblo de Israel, y por supuesto, el pueblo estaba desviado de la verdadera adoración. Estos dioses extraños interrumpían la comunicación entre Dios y su pueblo. Sin embargo, Asa fue guiado para limpiar de en medio del pueblo todo aquello que estorbaba e impedía la verdadera adoración y el culto a Dios. Y cuando Asa hizo esto, el reino tuvo paz. La Palabra dice "que cuando los caminos del hombre son agradables a Dios, aún a sus enemigos hace estar en paz con él" aunque en nuestros días, el pueblo de Dios no tenga esos dioses desagradables, abominables como lo tenía el pueblo de Israel; existen muchas cosas que están apartando y separando al pueblo de Dios. Si queremos la bendición de Dios, tiene que haber purificación en nuestras vidas, y queremos ser de bendición para otros, tenemos que quitar todo lo que impida que Dios pueda usarnos como canal y fuente.

Hubo preparación ver. 6 - Asa edificó ciudades fortificadas en Judá para asegurar la victoria. Para que haya edificación tiene que haber paz. En tiempos de guerra, una nación no puede edificar porque la guerra destruye lo que estaba edificado. Amado, aunque el mundo esté en guerra y en conflicto; en el pueblo de Dios y la Iglesia de Jesucristo tenemos paz, porque Cristo es el autor de la paz. El dijo:"mi paz os dejo, mi paz os doy, no como el mundo la da yo os la doy". Para poder vivir en paz con nuestros semejantes, tenemos primeramente estar en paz con Dios, y con nosotros mismos. El mundo habla mucho de paz, pero no hay en el mundo. Y todos sabemos que este anuncio de paz se oye por doquiera, no es más que un pregón de lo que está por suceder muy pronto. Cristo levantará la Iglesia y los juicios de Dios serán derramados en toda su potencia sobre la faz de la tierra. En medio de ese ambiente de guerra, de zozobra, y de intranquilidad, la Iglesia de Cristo, el pueblo de Dios, debemos tener paz. La Iglesia tiene mucho para edificar, el cristiano individualmente tiene que edificar. Cristo dijo; "sobre esta roca edificaré mi Iglesia" En hechos 9:31 dice que las Iglesias eran edificadas pro todas partes "porque tenían paz". Tenemos que estar conciente para qué el Señor nos ha llamado. Para poder edificar tenemos que estar cien por ciento en perfecta unidad, trabajando en equipo el engrandecimiento de la obra de Dios y para la gloria de su nombre. Tenemos que mantenemos en unidad para poder seguir edificando. Debemos cerrar cada vez más las brechas, para no darle oportunidad al enemigo.

Edificó Muros. Ver.7 - Asa dijo por tanto, a Judá: Edifiquemos estas ciudades, y cerquémoslas de muros. Los muros nos hablan de protección. Los habitantes de Jericó y su rey estaban confiados mientras los muros estuvieron levantados, pero cuando Dios los derribó, quedaron a expensas del pueblo de Israel.

Cuando Nehemías supo del estado y de la condición en que se encontraba Jerusalén; que sus muros estaban arruinados, sus puertas por el piso, sintió gran preocupación, porque Jesuralén estaba desprotegida, estaba en ruinas. Antiguamente una ciudad sin muros era vulnerable al enemigo. En la vida cristiana tenemos que tener muros a nuestro alrededor. Cuando Dios le habló a Satanás a cerca de Job, le dijo:"no has visto a mi siervo Job, hombre perfecto, recto, temeroso delante de Dios" El diablo le dijo a Dios: "pero no le has cercado a él y a todo lo que tiene". Así que el diablo veía la muralla que Dios había puesto alrededor de la vida de su hijo, de su siervo. En la vida ministerial tiene que levantarse muros de protección, igualmente en esta Obra del Movimiento Misionero Mundial, los muros tiene que seguir en pie. Los muros de Santidad no pueden caerse. Dentro del llamado pueblo de Dios se ha colado mucha inmundicia, mundanalidad, se hace muy difícil distinguir entre los que son de Dios y los que pertenecen al mundo. El pueblo de Dios siempre ha sido y deber ser un pueblo diferente. Tiene que establecerse esa diferencia. Tenemos que seguir edificando el muro de la Santidad aunque nos digan anticuados, aunque nos digan fanáticos. No podemos rebajar las normas de conducta que Dios ha establecido dentro de esta Obra. Preferimos tener contento al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo guardando su Palabra, no importando los apodos o epítetos que nos pongan, porque es mejor honrar a Dios y su Palabra. El Señor ha dicho: "honraré a los que me honran" Dios quiere hombres y mujeres rendidos, dispuestos, llenos del Espíritu Santo, que proclamemos su Palabra tal como El nos la ha dado. Hay que seguir levantando los muros de la Palabra, siendo luz y testimonio en este mundo. Tenemos que confesar a Cristo con nuestros labios y con nuestros hechos. Tenemos que vivir vidas santas por dentro y por fuera.

Edificó Torres - ver.7 Las torres nos hablan de vigilancia. La torre de la oración. "Velad y orad para no entréis en tentación". Vigilancia."Bienaventurados aquellos siervos que cuando su Señor venga, los halle haciendo así" Vigilando. "Sed sobrios y velad porque vuestro adversario el diablo como león rugiente anda alrededor buscando a quién devorar". Cuando descuidamos nuestra vida de oración, en nuestra muralla de protecciones puede abrir una brecha por la cual entre el enemigo. Por eso es que tenemos que mantenernos en vigilancia. Las torres no se pueden descuidar, tenemos que seguir edificándolas, para la gloria del Señor.

Asa tenía también ejércitos, hombres diestros que tenían escudos. La Iglesia de Cristo es un ejército. Cuando Moisés fue comisionado para que fura delante de Faraón, con la orden de dejar en libertad al pueblo de Israel. Dios le dijo a Moisés: "Faraón no oirá, más yo pondré mi mano sobre Egipto y sacaré mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel". En el libro de Cantar de los Cantares 6:10 y refiriéndose a la Iglesia dice: "¿Quién es esta que se muestra como el alba, hermosa como la luna, esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?" Así que Dios llama a su pueblo mis ejércitos y Dios es llamado en la Biblia: Jehová, Dios de los Ejércitos.

Somos parte del ejército de Dios. Dice la Palabra que en el ejército de Asa todos eran hombres diestros. En Cantares 3:7 "los valientes que rodeaban las literas de Salomón eran sesenta hombres valientes, diestros en la guerra cada uno con la espada sobre su muslo". Sabemos que la espada del pueblo de Dios es la Biblia. Asa tenía resistencia. "Vendrá el enemigo como ríos pero el Espíritu de Dios levantará bandera contra él". "Aunque un ejército se levante contra mí, no temerá mi corazón, aunque contra mí se levante guerra yo estaré confiado". "Y clamó Asa a Jehová". Zera comandaba un ejército de un millón de hombres el cual superaba en soldados a los ejércitos de Asa, casi lo duplicaba. Asa clamaba "¡Oh Jehová, para ti no hay diferencia alguna en dar ayuda al poderoso o al que no tiene fuerzas! Ayúdanos, Oh Jehová Dios nuestro, porque en ti nos apoyamos". Aunque el ejército de Asa estaba bien adiestrado y equipado; el no puso su confianza en las armas, ni en lo diestros que eran sus soldados. Su confianza estaba en Dios. No podemos apoyarnos en nosotros mismos, ni en otros, ni en la política, ni en el mundo. Tenemos que apoyarnos en Dios. Asa reconoce que el enemigo era poderoso, pero sabía que la batalla realmente, era el Señor el que tenía que pelearla.

He aquí uno de los secretos de la victoria; la confianza en el Señor. "El" es Dios de la victoria, Zera y todos los etíopes fueron aniquilados. Fue una victoria moral, material y económica, regresaron a Jerusalén triunfantes.

La Iglesia tiene el desafío y el reto más grande de la historia. Muchos están siendo vencidos, derrotados ante las fuerzas enemigas; pero como dijera el apóstol Pablo, "nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma". Estamos en conflicto, en una gran batalla, en una gran lucha; la cual no es contra carne y sangre sino contra principados, contra potestades, contra gobernadores de las tinieblas, contra malicias espirituales. Es un ejército poderoso, pero el Cristo de la gloria nos ha proporcionado las armas adecuadas para pelear.

Como Iglesia nos enfrentamos a este ejército, por eso las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortaleza. Creemos que Dios nos a provisto del poder del Espíritu Santo, con los dones milagrosos, los frutos del Espíritu Santo, y el arma defensiva más poderosa de los siglos, la Palabra de Dios.

Haciendo lo que Asa hizo, con la ayuda del Señor, en medio de este tiempo de conflictos y de muchas dificultades, podemos mantenernos firmes en una vida cristiana de total y constante victoria; porque esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe en el Cristo invisible, victorioso. No estamos solos en esta batalla, Cristo ha prometido: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin" dándonos siempre su victoria.

Por: Rev. Enrique Centeno - Colombia